
Siento un miedo atroz, esta noche llueve mucho y puedo ver a través de la ventana el tono azul que antecede a los truenos, afuera ruge el más grande de esta noche y tiemblo, mientras comienzo a sollozar. Otro ruido sordo, y esta vez el temblor se vuelve un espasmo incontenible mientras las lágrimas salen a borbotones, me hundo más entre las sábanas, para intentar opacar el ruido y tarareo una melodía para calmarme, pero no hace efecto y lo único que puede pararme estos nervios está allá, en la cocina, y de más está decir que no me moveré de aquí por nada del mundo.
Alguien abre mi puerta, es mi hermano que se acerca con un vaso de leche con vainilla y canela, en la otra mano sostiene un plato de galletitas caseras; con cuidado pone todo en el velador y me hace una seña para que le deje espacio entre mis frazadas – supuse que estarías aterrada- dice acercándome el vaso para que tome de mi leche favorita, y cuando tomo unos sorbos me siento un poco más tranquila, aunque aún me sobresalto al oír los ruidos de afuera. No suelo llevarme muy bien con mi hermano, pero en momentos como éste amo que me conozca tanto, la leche con vainilla y canela es lo único que me quita el miedo, incluso el solo aroma de esa mezcla me provoca calma, es el mejor de los sedantes, al menos en mi caso.
Abuelita, dime por qué Diosito está gritando así, no me gusta que haga eso – le dije sentada en sus piernas, mientras escondía la cabeza en su pecho- Eso, Polyta, es porque hay gente mala que lo hace rabiar, sino quieres que grite, tú tienes que ser una niña buena - me dice mientras sonríe- Lo seré abuelita, digo mientras la miro y le sonrío de vuelta con dos dientes de menos que el ratón Pérez ya me había pagado.
A tomar once Poly – me dice con voz suave y al llegar a la cocina veo una tacita de leche con vainilla y mis galletas favoritas sobre la mesa – ¡Qué rico!- dije mientras hundía la nariz en la taza – Es esencia de vainilla, ojalá te guste, dijo mirándome divertida; tomé el tazón y de un sorbo me bebí casi todo el contenido – Está delicioso y huele rico, huele igual que tú – le dije, aspirando el aroma de lo poco que quedaba en el recipiente – Es que mi colonia es de vainilla – me dijo ella – Pero cómo vas a tener colonia de vainilla, si la vainilla yo me la comí – dije, mirándola desconcertada – lo que pasa, peque, es que hay muchas cosas con olor a vainilla – dijo ella y sonreí – Yo quiero oler así de rico y quiero que mi pieza y todo huela a vainilla- le dije, enérgicamente. Ella sólo soltó una carcajada – Como quieras, peque- me dijo cariñosa y en ese momento sentí otro trueno y me estremecí… ¡Abuelita, de nuevo hicieron enojar a Diosito y yo me he portado buena! – dije, con un puchero – Bueno, pero tienes que ser más buenita entonces – dijo ella mirándome – Yo me porto más buena si tu me das más lechita con vainilla y me compras colonia de vainilla – dije con voz de mafiosa – Claro que sí, pero sin sobornos- dijo ella, mientras me miraba sonriente (amo la sonrisa de mi abuelita y su olor a vainilla).
Gabriel, ya me terminé la leche, “eres un amor”, le digo sonriendo, y él se levanta para irse, mientras veo cómo prende un incienso – es tu favorito, con olor a vainilla para que descanses, Se una buena niña, me dice, mientras sonríe y cierra la puerta tras él.


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